Edición 6 de Octubre 30, 2.006

sábado, noviembre 04, 2006

QUE FALTE EL PAN DIARIO, PERO NUNCA EL CELULAR.

Por: GABRIEL ERNESTO PÉREZ VERA.
gbrl_prz@yahoo.com

Hace 11 ó 12 años, arribó al país procedente de lejanas tierras, un extraño objeto llamado teléfono celular, pero rebautizado aquí cariñosamente como “la panela” o “el ladrillo”. Eso era una maravilla, pero no tanto así su precio, que oscilaba entre los 500 mil y el millón de pesos, en esa época, ¡UN PLATAL!

A ese precio a ningún mortal que habitase por estos ‘lares’ se le pasaba por la cabeza tener un aparato de esos. El ciudadano común decía con cierto aire de rencor e impotencia, “eso es pa´ los ricos”, pero una década después tendría que digerir sus palabras. Efectivamente esas primeras panelitas quedaron en manos de los que podían o de aquel que realmente necesitaba adquirirlas, y el pobre… Pase saliva.

Pero siempre hay un premio de consolación y para aquel que no tenía dinero y por tanto evitaba desear un celular, apareció el beeper, ya el ciudadano obrero subía un escalón, se encaramó un estrato, ya no se sentía “pordebajiado”.

Hasta que llegó el gran día, reventaron la piñata y se inundó esta vaina de celulares. Era hora de la expansión, la masificación, ¡eso si era mucha tecnología! Así pues despacharon el cargamento de los benditos teléfonos a estas benditas tierras, para calmar las ansias del asalariado, para tener en que gastar ese sueldazo mínimo, beepers a la basura, celular ‘pa’ todos’, gratis en pospago.

Resultó que aquel que no necesitaba, es hoy día quien más tiene. ¿Por qué? Pues “porque así es la vida”, porque “el que menos corre vuela”, porque “somos unos echaos pa’ lante” y “es que uno no se puede quedar atrás”.

Impulsados por el deseo de no sentirse menos que nadie, los ciudadanos con hambre, sed, deudas y odio, adquieren su celular, ese aparato que llegó para los hombres de negocios, quedó en manos de hombres negociables.

Fácilmente por hacer mercado, por un combo de pollo asado, una hamburguesa doble o por un CD de Shakira, se puede llevar su prepago, y de paso decirle adiós a una parte de su quincena. Así no haya para el arriendo, corten el agua, y no quede ni un pocillo de agua panela, no debe faltar el celular, hasta el perro tiene el suyo. El celular se nos coló en la canasta familiar y de ahí ya nadie lo va a sacar, pero que más da, si eso nos hace menos infelices, pues bienvenido sea.

¡Qué importa vivir arrancados…. mientras tengamos celular!

Fotografía celular: www.1800mobiles.com
Fotografía beeper: http://www.alfacom.com/