Edición 6 de Octubre 30, 2.006

sábado, noviembre 04, 2006

UNA NOCHE EN NUEVE BARES DE BOGOTÁ.

Por: RAFAEL RICARDO RAMÍREZ DÍAZ
razkamelas@hotmail.com

Primera parte haciendo clic sobre el título.

Segunda Parte (basado en una historia real)

Son las seis y media de la tarde, la temperatura aumenta y las mujeres se vuelven cada vez más bellas, hay bastantes, de toda raza, color y tamaño, se encuentran reunidas al parecer echando chisme y ojeando a sus nuevos clientes.

El establecimiento es bastante grande, con una pista que abarca casi 13 mesas por ambos lados y un poco más lejos un lugar más cómodo con unos sofás en donde nuestros personajes toman sitio.

No perdiendo la esperanza Cesar* ordena tres cervezas pero esta vez muy cordialmente solicita al camarero que traiga una “niña” a la mesa, -¡Claro! Con mucho gusto señor, Katherin* ven por favor…

Se acerca una mujer delgada de cabello largo y rubio, aparenta unos 30 años pero ella dice que tiene 25, es linda y por obvias razones amable, los cuatro entablan una conversación amena por mas de veinte minutos en los cuales Cesar* ordena un trago para Katherin*. Surge una pregunta de Andrés* y le inquieta saber si en el sitio hay niñas menores de dieciocho años (al parecer es algo aberrado). Katherin* dice que si y que con mucho gusto la llama lo cual emociona enormemente a Andrés* y de un sorbo acaba el restante de su cerveza.

Por suerte y para recrear un poco el ojo anuncian el show de “Kika” la vaquera, aun mejor nuestros personajes ya no están solos en el sitio y los demás clientes claman por la aparición de la susodicha, luego de siete minutos de piernas largas, curvas provocativas y miradas con deseo, el público eufórico aplaude a “Kika” la vaquera quien desciende desnuda del escenario para tomar una cerveza.

Tras otros quince minutos de una espera ansiosa, una mujer más bien de baja estatura con una minifalda, un top y unas piernas lo suficientemente gordas como para reflexionar sobre la estética, se acerca y saluda.

Con una cara de insatisfacción Andrés* pregunta por su edad y antes que dijera veinte… Se levantó decepcionado y de mal genio diciéndoles a sus amigos que no valía la pena permanecer más tiempo en ese sitio.

Nuevamente los tres protagonistas emprendieron un viaje pero acordaron un cambio de ambiente, algo mas popular que nos conlleva a “la quinta estación” de los personajes quienes llegan a Chapinero Alto a una discoteca grande donde solo hay parejas y curiosamente un grupo de tres mujeres. – ¡Aquí fue! Dijo Cesar*, que sin pensarlo dos veces pidió a una de ellas que bailara el vallenato que estaba sonando mientras sus otros dos compañeros fueron por cerveza a la barra.
Terminada la pieza musical los tres comentaban sobre lo que averiguo Cesar* de aquellas tres mujeres de las cuales dos podría decirse que cumplían los prerrequisitos para Cesar* y Andrés*, pero nuestro aun no mencionado personaje no estuvo de acuerdo. Jacobo* a quien le aburrió completamente la idea y se dedicó a tomar cerveza mientras sus amigos bailaban.

Sorpresa cuando estas tres mujeres abandonaron el sitio dejando rodeados de parejas a Cesar*, Andrés* y Jacobo* que inmediatamente abandonaron el lugar en busca de otra discoteca y esta vez se asegurarían de entrar un sitio con mas gente.
La 51 con 7, aquel sitio plagado de discotecas para los universitarios era su destino, un reconocido establecimiento del área es Índigo al cual Cesar* decide entrar y mirar que tal esta la música y la gente, una ojeada rápida y se adentraron los tres en este sitio oscuro que tiene un olor fuerte a cigarrillo y mucho alcohol, las mesas están llenas de botellas de cerveza vacías y hay muchas maletas en el suelo, todo el mundo se encuentra bailando y son las nueve de la noche aproximadamente.

Como ha sido costumbre en lugares anteriores los tres pidieron cerveza y se dedicaron a observar detenidamente cada una de las niñas del bar. Un brindis los acompañó en esta tarea de “la sexta estación” que trajo consigo una charla sobre la vida de nuestros personajes que ‘prendidos’ comentaron tristezas y buenas cosas que habían acontecido en esas semanas, un momento para reflexionar sobre lo que estaban haciendo a lo cual salió la conocida frase de “que no me esperen en la casa, universidad o trabajo” de acuerdo a lo que hace cada uno.

Se estaban pasmando ya después de dos cervezas más decidieron bailar para bajar un poco el alcohol, con tan mala suerte que los grupos estaban completos y eran los únicos tres que estaban sentados, esperaron un rato a ver si tenían oportunidad de algo pero para lo único que se sentaban las mujeres del bar era para coger su maleta e irse. –¡estamos de malas hoy!, ¿qué hacemos? Dijo Jacobo*, a lo que agregó Cesar* - vamos a otro bar a ver que acontece -…

Esta historia continuará…

*Nombres cambiados por sugerencia.

Dibujo de los tres amigos: Néstor Eduardo Camacho Castro.
Gráfico de la vaquera: Cristhian David Torres Rodríguez.